jueves, 23 de septiembre de 2010

Destino



Esa mujer atravesó sus ojos
desato la furia del deseo único
lo arrastró hacia su pecho.
El no tuvo otra alternativa
que lamer sus senos
arroparse en los pliegues de esa carne tibia
sumergirse en ella buscando su vientre
dejó que sus manos fueran recorriendo
dejó que su boca mordiera su grito
dejó su simiente volver al origen.
Al amor primero, al fuego prohibido.
Luego fue un designio cumplido su orgasmo
maldijo su semen, arrancó sus ojos
lloró por su sangre el horror de un hijo.
La noche y la culpa
besos imborrables en la piel de Edipo.

viernes, 17 de septiembre de 2010

MUJERES DE TINTA


MESA DE POESÍA


Feria del Libro Córdoba 2010


Sábado 18 de Septiembre. 19: 30 hs. Cabildo. Sala Romilio Ribero.


Integran: Eugenia Cabral, Laura García del Castaño, Leticia Ressia, Coordina y participa: Critina Ramb.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Poesía y Erotismo III



Mesa: Poesía y Erotismo III.


Feria del Libro Córdoba 2010.


Integran: Laura García del Castaño, Fanny Jaretón, Gustavo Tisocco, Karina Sacerdote, Ignacio Osorio. Coordina y Participa: Cristina Ramb.


Domingo 12 de Septiembre de 2010. Cabildo Histórico de Córdoba. Sala: Romilio Ribero. 19:3o Hs.

lunes, 2 de agosto de 2010

Safo


Nos separan murallas de culturas y tiempo
el dolor, la pasión, sólo un libro deshecho
te trae hasta mis manos
con la sangre lo leo
tu esencia de mujer trasciende, la presiento.

Pétreo acantilado sobre el azul Egeo
recorta tu figura al borde del abismo
como gime la brisa
como grita el silencio
la sombra de Afrodita acaricia tus senos
tu boca calla el nombre que te hiere en el pecho
tus versos como flechas apuntan contra Zeus

Poeta cortesana,
ven a mí en un sueño
elévame al Olimpo en manos del deseo
bésame con palabras,
escríbeme con sexo.

Quiero hallarte poema en las ruinas del templo.
recoger tus pisadas
sólo arena en los dedos
rescatar el amor de las aguas y luego
derrumbar un instante el muro que separa
este siglo XXI de tu isla de Lesbos.

sábado, 31 de julio de 2010

El lugar


Si el último segundo se apagara de pronto
todo el tiempo vivido
deshojado
cayendo como pétalos
una imagen del mundo
cabría entera en tu mirada.
Quiero morir ahí donde la vida
me mostró su razón, su mejor cara:
en tus brazos
ese hueco del sol de la mañana
escuchando el galope de tu pecho
resumiendo en tu olor todos los aires
durmiendo en paz.
Después
se sucederán los días
nada saldrá de entre mis labios
lo dicho ya fue.
Será recuerdo fugaz entre las horas
que cayeron ayer cuando tu espalda
se perdió por mi calle con el día.
Ya no habrá la sorpresa ni la euforia
nada más que un silencio
adormeciendo el beso que dejamos
en el lugar más puro del deseo.
Quiero morir ahí sobre tu carne
con tus ojos librándome del miedo
al fin
de todo el miedo.

sábado, 19 de junio de 2010

Mañana



“Caen los pájaros al aflojarse de los techos”
Laura García del Castaño



Cae la mañana
con restos de sueños astillados
entre vapores de ángeles guardianes.
Y cae con trozos de algo que fuimos en la noche
con ese río al que no volveremos
con esas manos que nos recorrieron.


Cae como la visión borrosa de una niebla ajena
un perfume antiguo que nos reconoce
un silencio mordaz que nos protege.


Cae con la boca sobre el nuevo día
con la emergencia del mundo entre los dientes
y cae
para no volver a levantarse.

domingo, 30 de mayo de 2010

Acto poético


Sobre la hoja en blanco he abierto mi boca
goteando la saliva que no ha llegado al beso
dejé caer un coágulo que salió desde el pecho
rojo, envenenado, pútrido de silencio.

Después fueron tres gotas desde el ojo derecho
arrugando el papel, como lluvia de invierno
saladas como flechas certeras del recuerdo
venían de la noche, de un nido de tormentas
amargas como el miedo que nos desvela el sueño.

Sobre el papel mis manos apoyé como un ciego
para imprimir la piel, memoria de mis dedos
algún sudor ajeno, la huella de algún cuerpo
el pulso en mis latidos, el temblor de mi sexo.

He pegado la hoja sobre un vidrio de espejo
para buscar mi rostro, el antiguo, el reverso
el que viera mi amante, cuando hacer un poema
requería de un lápiz, un puñado de letras
no de sangre y de lágrima, de vacío y desierto.

Sobre la hoja en blanco he gritado mi nombre
la he tomado luego a golpes de miradas
y no fue necesario decirle mis motivos
ni rubricar al pie, ni corregir palabras
ya había escrito en ella lo que hierve en mi alma.