jueves, 21 de enero de 2010

Herida de Ocaso


Luce la tarde su color de herida
un pájaro muestra su espalda en la distancia
algo late tenue
semejante al miedo
a reloj sin pausas.

Evado la nostalgia
la sutileza del tiempo para empañar los ojos
el recuerdo que llega a mostrar la impotencia.
Esto que corroe
arrastra ese nombre del pecho a la lengua
amordazo entonces la palabra al cuerpo
no le doy cabida
le quito el sonido, la esencia, el impacto.

La tarde ha mutado a un carmín intenso.

Vuelvo a ser silencio.
Lo que en mí vibraba lo vacié en su boca
bordeaux como su boca
abismo o desgarro
puñalada, coágulo, ausencia, imposible.
Luce la tarde su color de herida
sabe mi herida su color
tan tarde.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Inasible

Como el sueño de la noche anterior
el minuto caido del reloj
el espacio ocupado por la nube.
Cierro los puños y el aire se escapa.
La piel que muto y no retiene el tacto
la palabra soltada sin retorno
las lágrimas que no vuelven al ojo.

Como detener el río con las manos
pretender abrazar toda la lluvia
conservar bajo el sol copos de escarcha.

Inaprensible
como amar lo que nunca será nuestro
impotente latir
aire y agua
Inasible.

domingo, 13 de diciembre de 2009




















Sólo Uno

He probado
todas las formas posibles del olvido
y el sueño se repite
como latigazos sobre la misma espalda
como el viento en el mar
o la lluvia en septiembre.

Se repite con un rostro distinto
otra voz, otra forma
otro agitado tacto.

Vuelve siempre
con húmedas mañanas
con tu nombre y el miedo
como un estandarte para reconocerte.

El eterno retorno
de un olvido imposible.

Se repite
desconociendo el tiempo
y los vanos intentos
de renovar la historia.

No hay manera de acallar la verdad
de permanecer despierto
de sellar lo inconciente.

El deseo incesante
incansable, no cesa
reconoce las trampas
y las imitaciones.

El amor se repite
vuelve a buscarte y sabe
exactamente
aquello que ha perdido

viernes, 4 de diciembre de 2009

Digo, la palabra...

"Los poemas suelen ser papel mojado"
Mario Benedetti

La palabra que se quita la ropa
y muestra sin pudores las heridas
los rastros de las lágrimas
cicatrices del tiempo.
La que no se maquilla para otros
ni adula los oídoscomo una prostituta
que miente su sonrisa.
La palabra sin piel
que se cae del pecho del poeta
cuando ya se han quebrado sus espejos.
La palabra que calla
para dar lugar al beso
que vendrá a decir con los sentidos.
La palabra disparo
sin un blanco preciso
traspasando los muros
de las censuras previas.
La palabra que vuela
encima de las letras como límites ciertos
que surge del abismo
del instinto, del fuego.
Esa palabra digo
tan pura y tan obscena
que no se escribe nunca con lápiz ni con tinta
la que no se pronuncia
para adornar un verso.
La palabra que amo
se forma con la sangre
de la artería más honda
descarnada de formas
parida en el silencio
la verdad del sentido
la palabra que amo
la que hace al poema.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Tormenta



Que importa que la lluvia caiga

a cataratas de furia
desnude primaveras

arrecie los tinglados.


No importa tanta gota

aunada en remolinos

naufragando barquitos

botellas o zapatos.


Si esta lluvia es la misma

que cayó otro verano
reciclada en las nubes

recuerdos de cabellos

espaldas, pies y manos.


Me lastima la otra

que llueve la memoria

sutil llovizna helada

mojando todo olvido

persistente, tenue

inundando por dentro

cada dique del alma
cada frágil defensa
construida en palabras.


Si el dolor nunca escampa

qué importa que allá afuera

los cielos se deshagan.

lunes, 12 de octubre de 2009

Designio de lo cierto
















La única certeza que me habita

en el paso de las horas

es el pulso en mi muñeca.


El curso de la sangre que se escapa

por la piel de las heridas

el líquido salobre que cae de mis ojos

en la emoción de un vuelo emotivo y remoto.


Saberme entre los vivos

es un dolor añejo a la altura del pecho

un tendón que sostiene el peso de la noche

el sudor de una mano que acaricia la mía.


Sé tan poco de mí

que me rastreo

en la mirada amada

en la voz que me nombra desde el tiempo

o el silencio que baña las nostalgias.


Me habitan los temblores

súbitos o tenues de los besos

lunas llenas de sombras o dulzuras.


La única certeza de mis pasos

es la arena en mis pies

un puñado de letras que reordeno

para decir de mí lo que se agita.


Sólo sé de la muerte

la ausencia de los otros

los amados, los nuestros

cuya voz ya no escucho.


Sólo sé de la vida

el vientre que estalló en cada hijo

volviéndome milagro las entrañas.


La única certeza que me habita

es el nombre que digo cuando amo

entonces, sobre el miedo

el amor

se me vuelve designio de lo cierto.




domingo, 4 de octubre de 2009